10 febrero 2012

La isla de la televisión (César Fernández García)

Editorial Palabra. Colección: La Mochila de Astor, Serie Negra, nº 22. (2012). 192 páginas. De 12 años en adelante.
 Nos encontramos ante una emocionante y bien llevada novela que arroja al lector a una distopía, donde el poder recae sobre la televisión. En realidad, en ese futuro planteado sólo existe una cadena. “La Cadena”. Ésta controla a la ciudadanía hasta tal punto que es obligatorio tener la televisión encendida durante el día entero dentro de las casas. De incumplir esta ley, se podría acabar en la cárcel.
Un reality show será el programa estrella: La isla de la televisión. Cerebro  Primero, el director y presentador del concurso, selecciona a un grupo de jóvenes de 15 años. Cada uno de ellos destaca en algo. Y sus nombres dentro del concurso harán referencia a esa cualidad: Pintor, Futbolista, Científica, Cantante... Los concursantes son puestos en peligro para que la audiencia no aparte los ojos de la pantalla. También contarán con un “topo” infiltrado entre ellos que espiará para la Cadena. Todo vale con mantener el interés de millones de telespectadores. Sin embargo, el tiempo que han de pasar en la isla, propiciará que cada concursante tenga tiempo de conocer a los demás y conocerse a sí mismo, madurar. El siguiente paso dentro de ese proceso será el compromiso personal para construir un mundo mejor.
En el fondo, la novela defiende una inmersión en el mundo interior donde habita el material de la creación, de la libertad y la felicidad. En el interior del hombre habita la verdad. Contra ella, el espectáculo mediático se levanta superficial e interesado. Así, la escena final –de un lirismo bellísimo – adquiere un hondo significado metafórico. Joaquín, el concursante apodado Pintor, mediante una goma de borrar extrae un dibujo a partir de un fondo negro .
Otros aspectos que destacan son:
1º) El tema de la muerte es tratado con valentía y sentido sobrenatural. Las lecciones del padre de Joaquín – referentes tanto a la vida como al arte pictórico – se entienden después de su muerte. En ese sentido, resulta conmovedora la relación padre-hijo. El mensaje del padre crece durante la relación de autoconocimiento del protagonista.
2º) Implícitamente se deduce un ensalzamiento del valor de la fidelidad, amistad, amor al prójimo, amor a los padres. Sin moralinas explícitas, los valores se desprenden de las actitudes y de los comportamientos.
3º) Desenmascaramiento de las artimañas de ciertos espectáculos que juegan con los bajos instintos de los espectadores y cosifican al ser humano. Se puede hacer extensivo a cualquier intento de manipular.
4º) Aviso del alienante futuro que puede venir, si no tomamos medidas. Y la primera medida es la educación, apostar por los niños y adolescentes en cuyas manos estará el futuro de todos.
5º) Optimismo en la idea de que termina ganando la justicia humana. También la divina. El lector tiene la sensación de que todo es para bien. Incluso las adversidades del concurso y de la vida de los personajes.
6º) Articulación de personajes hondos, de complejidad acentuada. Especialmente en el caso de Joaquín, el protagonista que ve crecer en él la pasión por la pintura. También lo apreciamos claramente en Serpiente, el colaborador de Cerebro Primero.
7º) Creación de un escenario que llega a adquirir valor por sí mismo, como si fuera un personaje más. La isla – comprada por la Cadena a la República de Honduras - aporta una connotación romántica, aventurera y simbólica.
8º) Identificación del arte con un espacio de libertad que permite huir del adocenamiento, de la manipulación dirigida desde el poder.
9º) Apuesta por la individualidad del ser humano. Todos tenemos una cualidad especial, algo que nos hace originales. El lector es invitado sutilmente a que lo traslade a su propia vida.
10º) Alternancia de capítulos donde el punto de vista es diferente. A un pensamiento de Joaquín, le sigue el punto de vista de Cerebro Primero, organizador del concurso. No hay maniqueísmo, sino un universo rico en matices.
11º) Narración permeable a diálogos vivos, descripciones eficaces y argumentaciones bien construidas. Y todo sostenido sobre una sucesión de escenas que pasan por la mente del lector como si se tratara de una película que apenas da tregua. La tensión y las sorpresas anidan en cada página.
Nos encontramos, así pues, con una novela valiente en los planteamientos, actual en la temática y de calidad literaria. Sin duda, enganchará a los lectores.

2 comentarios :

  1. Me ha gustado el trasfondo que hay bajo La isla de la televisión. La intriga me ha interesado desde el principio. Sin embargo y por encima de eso, me ha convencido la defensa que se hace del mundo interior de los personajes, como el pintor Joaquín, o Cantante, o Científica, o Futbolista. El lector se siente animado a mirar donde más interesa: hacia dentro.

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  2. Me ha dejado alucinada la escena final de La isla de la televisión. El prota pinta borrando sobre un fondo negro. Muy muy original. Y muy muy simbólico.

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